Las terapias que logran una mejora sustancial incluyen intervenciones educativas y biológicas. Los terapeutas trabajan en estrategias de entrenamiento muy estructuradas e individualizadas, para ayudar a desarrollar destrezas sociales y de lenguaje, que deben comenzar lo más precozmente posible, ya que los niños aprenden de forma más rápida y efectiva cuanto más pequeños son. El tratamiento farmacológico puede ser eficaz para controlar las conductas autodañinas u otros trastornos asociados, como la epilepsia, la hiperactividad y déficits atencionales, los trastornos del sueño, etc.
Siempre bajo prescripción médica por parte del médico que haga un seguimiento de su evolución.